Son Marroig es una posesión mallorquina del siglo XV convertida en casa museo, colgada sobre el mar en la carretera que une Valldemossa con Deià. Fue la residencia del archiduque Luis Salvador de Austria, y desde su jardín se ve uno de los paisajes más reconocibles de la isla: la península de Sa Foradada, con su arco natural abierto en la roca.
¿De qué hablamos en este artículo?
ToggleEn esta guía tienes el precio y el horario actualizados, qué se ve por dentro, cómo bajar caminando hasta Sa Foradada, cuándo hay conciertos y dónde aparcar sin jugártela en una curva de la Ma-10.
Precio, horario y dónde está
🏛️La entrada al museo cuesta 4 € para adultos y 3 € en grupos de más de veinte personas; los niños hasta 12 años entran gratis. Abre de lunes a sábado, de 09:30 a 14:00 y de 15:30 a 16:30, y cierra los domingos. Está en la carretera Ma-10 de Valldemossa a Deià, en el kilómetro 65,5, a unos 40 minutos de Palma. Precios y horarios de 2026, comprobados en su web oficial, que es donde conviene confirmarlos antes de ir.
Qué es Son Marroig
Una possessió: la unidad agrícola y ganadera con la que se organizó durante siglos el campo mallorquín. En este tramo de costa esas casas se construyeron con carácter defensivo, y por eso lo primero que se ve al llegar es una torre.
A finales del siglo XV la finca pertenecía a los Mas-Roig de Sóller y se conocía como la Foradada dels Masroig. Después pasó a llamarse Son Masroig de Sa Foradada, cambió de manos varias veces y en 1877 la compró el archiduque Luis Salvador de Austria, que ya llevaba unos años comprando fincas en esta costa.
Desde 1922 funciona como casa museo, una institución privada dedicada a conservar y divulgar su figura. Eso explica el tamaño de la visita: no es un gran museo de salas encadenadas, sino una casa que se recorre en tres cuartos de hora y cuyo mayor atractivo está fuera, en el jardín y en las vistas.
El archiduque que convirtió Mallorca en una enciclopedia
Luis Salvador nació en el Palazzo Pitti de Florencia el 4 de agosto de 1847, noveno hijo del gran duque Leopoldo II de Toscana. Por parte de madre era sobrino de Isabel II y primo de Alfonso XIII. Con veinte años, en el verano de 1867, visitó las Baleares por primera vez, y desde 1872 empezó a pasar aquí temporadas largas. Se quedó cuatro décadas, hasta que la Primera Guerra Mundial lo obligó a marcharse.
No era un aristócrata de veraneo. Dedicó esos cuarenta años a documentar el archipiélago entero: geografía, geología, flora, fauna, lengua, oficios, costumbres, embarcaciones. El resultado es Die Balearen in Wort und Bild geschildert, «Las Baleares descritas por la palabra y la imagen», nueve volúmenes publicados en Leipzig en 1890 y 1891 que siguen siendo fuente de consulta. Describió por primera vez un arbusto que hoy lleva su nombre, el Rhamnus ludovici-salvatoris.
Y un detalle que casi nadie cuenta: Julio Verne mantuvo correspondencia con él y lo citó en Los viajes de Clovis Dardentor. «Si hay un sitio que se pueda conocer a fondo sin haberlo visitado jamás», escribió el francés, «es el magnífico archipiélago de las Baleares», y añadió que bastaba con encerrarse en una biblioteca, siempre que esa biblioteca tuviera la obra del archiduque.
El templete y la vista de Sa Foradada
La imagen que todo el mundo asocia a Son Marroig es la del templete de mármol blanco al borde del acantilado: un pabellón circular de estilo neoclásico, con columnas y cúpula abierta, que el archiduque mandó levantar como parte de los jardines.
Desde ahí se ve enfrente Sa Foradada, la península rocosa atravesada por un arco natural que le da nombre. Es el motivo por el que esta parada aparece en todas las rutas de la Tramuntana, y también el motivo por el que los corsarios la usaban: al abrigo de esa lengua de roca se podía desembarcar, y de ahí la torre defensiva del siglo XV que protege la casa.
El archiduque repitió la idea por toda su propiedad. Mandó construir miradores y poyos de piedra a lo largo de la costa, pensados para sentarse a mirar. Si te interesa esa colección de balcones sobre el mar, en los mejores miradores de Mallorca están los demás.
La casa por dentro
Se entra por un vestíbulo que comunica con la sala de la planta baja a través de un arco apuntado, con las vigas de madera a la vista. A la izquierda queda la capilla, y por unas escaleras estrechas se sube a la torre del siglo XV, donde se ven los muros gruesos que protegían la casa de las incursiones de los corsarios. Arriba hay una cama con dosel de origen portugués que el propio archiduque compró en Llucmajor.
La sala principal es la pieza fuerte. Cuelgan obras de Joan Bauçá, Anglada Camarasa, Joaquín Mir, Antoni Ribas Oliver y Antoni Ribas Prats, y en las vitrinas hay collares fenicios y cerámica griega y romana. Junto al original de Die Balearen se exponen sus estudios sobre la pesca en Baleares, sobre las barcas mallorquinas y sobre las rondalles.
Después se pasa a la sala donde se conservan fotografías del Nixe, el yate con el que recorrió el Mediterráneo. Un apunte práctico que no suele avisarse: la terraza exterior de los arcos permanece cerrada de octubre a abril, ambos incluidos, para mantener las condiciones climáticas del museo.
Bajar a pie hasta Sa Foradada
La mejor parte de Son Marroig no cuesta entrada. Desde la casa arranca un camino señalizado que el propio archiduque mandó abrir y que baja hasta la península de Sa Foradada.
Son 1 hora y 50 minutos ida y vuelta, con dificultad media-baja y un desnivel que arranca a 270 metros de altitud. El primer tramo es asfaltado y después se convierte en camino de tierra entre olivos centenarios. A mitad de bajada, a la derecha, hay un mirador con una mesa de piedra a 255 metros sobre el mar, uno de los muchos que él hizo construir.
Tres recomendaciones de la propia finca: calzado de montaña, agua suficiente y no salirse del sendero señalizado, porque fuera de él hay riesgo real de erosión y de accidente. La mejor época es primavera y otoño; en pleno verano, mejor a primera hora.
Conciertos: el Festival de Música de Deià
Desde 1978, Son Marroig acoge el Festival Internacional de Música de Deià, dedicado a la música de cámara y fundado por Patrick Meadows. Se celebra entre mayo y septiembre y es uno de los festivales de música clásica con más recorrido de Europa.
La combinación explica sola por qué se llena: un cuarteto de cuerda, la terraza sobre el acantilado y el sol cayendo detrás de Sa Foradada. El programa y las reservas se gestionan a través del festival, no del museo.
La puesta de sol, y el aviso que conviene leer
Este es uno de los sitios de la isla donde mejor se pone el sol, y eso ha creado un problema de verdad: en las tardes buenas la gente aparca donde puede en una carretera de montaña estrecha y con curvas.
La finca lo pide por escrito y tiene razón: el aparcamiento tiene plazas limitadas y no se debe estacionar fuera de las zonas permitidas. Si al llegar está lleno, la recomendación oficial es volver otro día en lugar de improvisar un hueco en el arcén. Llegar con margen es la única forma de asegurarse el sitio.
Qué más ver alrededor
A pocos minutos está la Ermita de Miramar, otra de las propiedades que el archiduque compró en esta costa y que conserva su propia historia; la cuentan entera en Ermita de Miramar, Valldemossa. Y bajando hacia el norte aparece Deià, de piedra dorada y calles en cuesta, uno de los pueblos más bonitos de la isla.
La Ma-10 entera es, de hecho, una de las carreteras más espectaculares del Mediterráneo: si vas a recorrerla, en rutas panorámicas de Mallorca en coche están los tramos y las paradas que merecen la pena.
El contrapunto: el otro extremo de la isla
Son Marroig enseña Mallorca desde arriba — acantilado, horizonte, luz. Hay un plan que funciona justo al revés, y está en la otra punta: las Cuevas dels Hams, en Porto Cristo, cruzando la isla hacia la costa este.
Allí el paisaje está debajo. Se recorren unos 500 metros por tres cuevas con 20 °C constantes todo el año, se pasa por un jardín abierto al cielo con aves autóctonas, por una sala donde se proyecta la historia geológica sobre la propia roca, y se termina en el lago subterráneo Mar de Venecia, con el agua completamente quieta y su espectáculo musical. En la sala del Sueño de un Ángel están las formaciones que dan nombre a la cueva: unos anzuelos finísimos que empiezan a crecer hacia abajo y en un punto se curvan y vuelven a subir.
No es un plan para el mismo día, y sería absurdo venderlo así. Pero en un viaje de varios días, ver la Tramuntana desde un acantilado y la costa este desde dentro de la roca es la mejor manera de entender que Mallorca son dos islas distintas. En Mallorca en tres días está el reparto que mejor funciona.
🎟️Si te cuadra bajar al este, elige tu pase en tickets.cuevasdelshams.com. Precios, calendario y cómo llegar, en la guía práctica de las Cuevas dels Hams.
Preguntas frecuentes sobre Son Marroig
¿Cuánto cuesta la entrada a Son Marroig?
En 2026, 4 € por adulto. Los grupos de más de veinte personas pagan 3 € y los niños hasta 12 años entran gratis. Conviene confirmarlo en su web oficial antes de ir.
¿Cuál es el horario de Son Marroig?
De lunes a sábado, de 09:30 a 14:00 y de 15:30 a 16:30. Los domingos cierra. Ten en cuenta que la terraza exterior de los arcos permanece cerrada de octubre a abril.
¿Dónde está exactamente?
En la carretera Ma-10 de Valldemossa a Deià, kilómetro 65,5, en plena Serra de Tramuntana. Desde Palma se llega en unos 40 minutos.
¿Se puede ver Sa Foradada sin pagar entrada?
Sí. El mirador y el camino que baja a la península son accesibles sin entrar al museo. La entrada de 4 € es para la casa museo y sus salas.
¿Cuánto se tarda en bajar a Sa Foradada?
Una hora y cincuenta minutos ida y vuelta, por un camino señalizado de dificultad media-baja. Lleva agua y calzado de montaña, y no te salgas del sendero.
¿Merece la pena para ver la puesta de sol?
Es uno de los mejores sitios de la isla para verla, pero el aparcamiento tiene plazas limitadas y la carretera es estrecha. Llega con margen y no aparques fuera de las zonas permitidas.
¿Cuándo hay conciertos en Son Marroig?
Entre mayo y septiembre, dentro del Festival Internacional de Música de Deià, que se celebra aquí desde 1978 y está dedicado a la música de cámara. El programa y las reservas los lleva el propio festival.
¿Cuánto tiempo hace falta para la visita?
Alrededor de tres cuartos de hora para la casa y el jardín. Si añades la bajada a Sa Foradada, calcula media jornada.
Lo que buscaba el archiduque
Cuando Luis Salvador mandó construir el templete al borde del acantilado, no estaba decorando el jardín. Estaba haciendo lo mismo que hizo con los otros miradores repartidos por su finca: obligar a quien pasara por allí a sentarse y mirar.
Ciento cincuenta años después sigue funcionando. Es el único sitio de la ruta donde nadie tiene prisa.

